viernes, 14 de agosto de 2009

VUELO 137: Lejos...

Te convertiste en mi cajita. Esa que siempre guardé bajo la almohada de mis sueños. Eras del color del chocolate, y no de fresa, como a mi me gusta. Aun así, poquito a poco, te convertiste en ese pequeño tesoro del que un día te hablé. Y ahora tengo que abrirla. Llego la hora, el momento en que sales y no vuelves. El momento en que el boomerang no regresa. Porque sí, te vas. Lejos, muy lejos. Demasiado lejos.

lunes, 3 de agosto de 2009

VUELO 136: Desde mi ventana...

Querías ver lo que mis ojos ven cada mañana. Querías saborear mi ventana. Mi recreo. Mi espacio. Y el tuyo a veces, porque cuando te sueño, estas aquí. A mi lado. Calladito, como siempre. Dándome un dedo (nunca te gustaron las cantidades grandes, lo sé).


Pues ya ves, hay una enorme casa frente a mi balcón. La he visto construir. Cada ladrillo, cada pieza de su vida ha sido una arteria mía. Cada puerta es una caja que se abre. O se cierra, depende del día.


También veo a lo lejos las palmeras que me dicen todos los días Buenos días en hindi, aunque a mí me suena a música y si te digo que de Sabina te ríes, lo sé.


Al otro lado, está la tienda de mi casero. Vende galletas de sabores diferentes. Todas las noches me espera una. De mermelada de fresa, como a mí me gusta. La mastico y la digiero poquito a poco, como esto. Como todo. Como mi vida. Como tú. Como yo.

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